Boquiabiertos, qué gran sensación!

Hoy me he tropezado con un ejemplo de marca que va más allá del mero impacto en el público y que además de eso, logra “conversar” de manera inteligente con su público, asombrarlo, divertirlo y sobre todo busca permanecer de manera indeleble en su cabeza. Y hay que decir que lo consigue. Cada vez son menos las marcas capaces de ponerse estas tareas y lograrlas.

La marca de café Douwe Egberts desarrolló un ambient en un aeropuerto donde una máquina dispensaba café gratuitamente a los más somnolientos según sus rasgos faciales (un software era capaz de leer los movimientos musculares de un bostezo). Una forma muy ingeniosa de poner de manifiesto un beneficio del producto y tratar al público como lo que es, un receptor (muy) inteligente, con el que aspiramos a conversar. Añadimos valor, experiencia y no solo dejamos impactado a quien nos mira.

En lo más profundo de mí, como consumidora de cafeína voraz que soy, hay mucha admiración y gratitud por acciones de este tipo que van más allá del mero impacto en el público. Es toda una declaración de intenciones de una marca.

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